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Enfermedad: Sarampión

El sarampión es una enfermedad causada por un virus y muy contagiosa, que afecta sobre todo la piel y el tracto respiratorio, es muy común en la niñez, pero puede evitarse mediante la vacunación. Una vez superada la enfermedad se adquiere una inmunidad permanente ante ella.

La mayoría de los niños se contagian de sarampión entre el primer y el sexto año de edad. Por el contrario, los lactantes tienen la inmunidad natural que les transfiere la madre, si ésta ha padecido el sarampión, que les proporciona protección durante el primer año de vida.

A partir del programa de vacunación, introducido hacia finales de los años sesenta, y que en la actualidad es muy efectivo, esta enfermedad es mucho menos común. Anteriormente, solían producirse epidemias cada dos o tres años, casi siempre en épocas frías.

El sarampión es raro entre los niños mayores de seis años, sin embargo, es excepcional, aunque grave, entre los adultos.

Sintomas

El período de incubación del sarampión dura de 7 a 14 días, durante los cuales no se manifiestan sus síntomas. A medida que aumenta la cantidad de virus en el organismo, éstos se difunden por la corriente sanguínea y el sistema linfático. Luego aparecen los síntomas y el niño se convierte en una fuente de contagio.

El sarampión se contagia a través de unas gotitas diminutas que se lanzan al aire al toser o al estornudar o directamente, a través de la saliva.

Una vez declarada, la enfermedad tiene dos etapas. La primera se conoce como fase catarral, y sucede cuando el virus afecta las mucosas de los ojos, la nariz y la boca, por lo cual los síntomas son similares a los de un resfriado fuerte.

Durante los primeros días de la enfermedad, el niño se siente muy mal, tiene temperatura elevada, los ojos llorosos y enrojecidos, secreción nasal, tos seca, pérdida del apetito y, en algunos casos, diarrea.

Hacia el tercer día desciende la temperatura y puede observarse, dentro de la boca, en la cara interna de las mejillas, diminutas manchas blanquecinas, conocidas como manchas de Koplik.

La segunda etapa se inicia a partir del cuarto o quinto día, aunque a veces puede empezar entre el quinto y el séptimo. La temperatura vuelve a subir y se declara la erupción característica del sarampión, llamada exantema, que es el período más virulento de la enfermedad. El niño se siente muy débil, tose mucho, tiene los ojos, muy inflamados y se muestra muy sensible a la luz fuerte.

La erupción se inicia en la frente y por detrás de las orejas, para luego extenderse hacia el cuello, la cara, el tronco y, en los casos más graves, las extremidades. El exantema presenta un color rojizo oscuro, manchas con relieve, de unos dos o tres centímetros. A medida que se extiende, las manchas se hacen mayores y se unen. El exantema suele desarrollarse a lo largo de 24 horas y el prurito es ligero o incluso nulo.

Durante los tres días siguientes la erupción comienza a desaparecer en le mismo orden en que pareció. Quedan manchas de color pardo y una descamación fina en la piel afectada, sobre todo en las zonas donde la erupción fue más fuerte. A partir de ese momento disminuye la fiebre, y al cabo de una semana desaparecen todos los síntomas.

La vacuna actual contra el sarampión proporciona inmunidad en casi todos los casos. Si un niño, pese a estar vacunado, lo contrae, la enfermedad resulta leve y no presenta complicaciones

Si un niño tiene sarampión no debe acudir al colegio durante los cinco días siguientes a la desaparición del exantema, para prevenir contagios.

Complicaciones

En la mayoría de los países occidentales la enfermedad es leve y rara vez tiene consecuencias peligrosas. Sin embargo, puede presentar complicaciones, en especial en órganos como el oído, los pulmones y los ojos.

En algunos casos excepcionales el organismo carece de defensas o presenta muy poca resistencia al sarampión. Entonces la temperatura se eleva de forma incontrolable y existe peligro de hemorragia en el exantema o en ciertos órganos. Este caso, denominado sarampión hemorrágico, requiere un ingreso hospitalario urgente para evitar la muerte del paciente.

Infecciones

A consecuencia del sarampión puede producirse sobreinfecciones, generalmente de origen bacteriano, como la conjuntivitis, la otitis o incluso la neumonía.

Todas esas infecciones pueden ser controladas mediante la administración de antibióticos, pero deben recibir tratamiento médico inmediato. Algunos pacientes desarrollan una infección del oído medio, con dolor y exudado purulento, que debe ser tratado con antibióticos.

Asimismo, es habitual que el niño tosa mientras padece el sarampión, pero si existe expectoración y la tos se hace más intensa puede tratarse de un síntoma de bronquitis o infección pulmonar. Es importante tratar esta complicación para prevenir que pueda convertirse en una enfermedad seria.

Los casos graves no tratados facilitan el desarrollo de infecciones pulmonares crónicas, conocidas como bronquietasias, que pueden retraer el crecimiento del niño.

Los niños muy pequeños pueden desarrollar, tras el sarampión, una infección bacteriana de la laringe, en la que el paso del aire queda obstruido en parte y se produce una tos ronca. Esta es otra complicación seria que requiere asistencia médica inmediata.

Durante el sarampión es habitual que se produzca un conjuntivitis leve, o irritación de la superficie blanca del ojo . Cuando existe, además, una infección bacteriana, el exudado se hace más espeso y pegajoso, ya que contiene pus. Si no se trata, puede aparecer cicatrices en las conjuntivas, e incluso se puede originar ceguera.

Encefalitis

La encefalitis sarampionosa constituye la infección más temida de cuantas pueden suceder al sarampión . Se trata de una complicación poco común y consiste en una inflamación del encéfalo causada por el virus del sarampión.

Los síntomas incluyen fiebre alta, vómito, convulsiones, somnolencia, que dificulta despertar al niño, dolor de cabeza, alucinaciones, delirios y, a veces, inconsciencia. Su manifestación suele aparecer unos diez días después del sarampión.

En la actualidad es una complicación muy infrecuente, gracias a la vacunación contra el sarampión del sarampión.

En la actualidad es una complicación muy infrecuente, gracias a la vacunación contra el sarampión, pero cuando se presenta requiere tratamiento hospitalario urgente, ya que puede tener consecuencias muy graves para los niños.

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