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Bebés: Recomendaciones en caso de urgencias

La información aquí contenida no intenta ser un substituto del CONSEJO MÉDICO PROFESIONAL, por lo que se recomienda al Usuario buscar siempre el consejo de su médico particular u otro profesional de la salud cualificado antes de comenzar cualquier nuevo tratamiento o ante cualquier inquietud relacionada a su salud o condición médica. Particularmente, el Usuario no debe descartar nunca el consejo médico profesional así obtenido por alguna información que hubiera podido hallar en este Sitio.

¿Qué hacer en caso de una   convulsión?

1. La premisa fundamental en este tipo de actuaciones es la tranquilidad. Si ya han sido informados por parte de su Pediatra sobre como han de actuar médicamente sigan sus instrucciones después de leer lo que sigue hasta el punto 5...

2. Para prevenir heridas accidentales, se debe colocar al niño tumbado en una superficie blanda y libre de objetos contundentes (desplazar mesas, sillas, etc.). Una vez tumbado boca arriba, colocar su cabeza de lado para prevenir ahogos.

3. El niño no debe ser sujetado durante la convulsión salvo que los movimientos provoquen golpes sobre la cabeza.

4. No introducir, jamás, ningún objeto dentro de la boca. La colocación de un palo en la boca, como vulgarmente se dice que hay que hacer, puede lesionar los labios, la lengua o los dientes.

5. La mayor parte de las veces la crisis se interrumpe en los primeros 15 minutos. El sacudirlo o estimularlo de cualquier otra forma no ayuda a interrumpir el episodio.

6. Cuando la convulsión haya finalizado o si ésta dura más de 10 minutos, deberá proceder al traslado de su hijo al servicio de urgencias más cercano. No conviene lanzarse precipitadamente durante el mismo; actuar de forma rápida y exigente expone a la familia a un riesgo realmente mayor que el de la propia convulsión: los accidentes de tráfico.

7. Después de la crisis el niño queda exhausto. Por este motivo no tiene sentido tratar de mantenerlo despierto a toda costa ni debe angustiarse si su hijo no responde adecuadamente a los estímulos del ambiente.

Preguntas más frecuentes sobre la convulsión:

¿Se puede morir durante una crisis convulsiva? Es excepcional. De hecho, es más probable la muerte por un accidente de tráfico si se actúa desesperadamente, que la debida a una convulsión si se procede con calma y tranquilidad.

¿Qué datos más importantes ha de aportar al Médico si su hijo ha padecido de una convulsión?

La duración. Es muy difícil ser objetivos con este dato pues un episodio "puede hacerse eterno" y haber durado tan solo unos segundos. Si no está seguro del tiempo de la crisis, reconózcalo.

Los movimientos convulsivos... ¿Han afectado a todo el cuerpo o solo a una parte del mismo? ¿Hacia donde se desviaban los ojos?

¿Tenía fiebre?

¿Ya ha sido su hijo diagnosticado de epilepsia? En tal caso debe dar a conocer las dosis de los fármacos que toma y si fueron modificadas recientemente.

Gastroenteritis aguda

¿Qué es? ¿Qué la produce?

Significa inflamación de estómago (gastritis) y de intestino (enteritis) y manifestable clínicamente en forma de vómitos y/o diarrea. En el niño, virus y bacterias son las principales causas de una gastroenteritis aguda (GEA). Entre los virus destaca el denominado rotavirus, muy contagioso y, a veces, agresivo. Con respecto a las bacterias, Salmonella y Campylobacter son las más habituales aunque existen muchas otras.

Cuando la diarrea es prolongada (más de dos semanas) la causa puede ser un parásito (Giardia lamblia, etc), en niños pequeños la intolerancia a las proteínas de leche de vaca, el síndrome postenteritis (daño residual del intestino tras una GEA que puede durar semanas), etc.

¿Puede haber otros síntomas?

Si, puede haber fiebre y dolor abdominal. Cuando la diarrea tiene hebras de sangre o moco la causa suele ser (no siempre) bacteriana. El dolor abdominal también suele ser más frecuente e intenso en las bacterianas. Por otra parte, la complicación más importante de la GEA es la deshidratación. Léase este artículo para conocer los signos de la deshidratación.

¿Precisan de algún estudio?

Habitualmente no. Su pediatra la diagnosticará fácilmente con los síntomas mencionados no siendo preciso NINGÚN tipo de estudio salvo en las siguientes situaciones:

* Mal estado general o deshidratación.
* Diarrea sanguinolenta importante. Unas simples hebras de sangre no deben constituir motivo de preocupación ni de estudio.
* Sospecha de intoxicación con varios afectados.
* Diarrea prolongada (más de dos semanas).

La razón por la que no es necesario un estudio (ni siquiera un cultivo de las heces), salvo las excepciones comentadas, es que su curación es espontánea.

¿Qué tratamiento es necesario en una GEA?

El tratamiento básico y fundamental es PREVENIR la deshidratación. Para ello es preciso:

1. Si hay vómitos la hidratación debe hacerse muy poco a poco para evitar el reflejo del vómito (una cucharadita cada 5 minutos) y con líquidos azucarados (agua con azúcar). En efecto, con los vómitos se pierde azúcar y esto conlleva la producción de unas sustancias llamadas cuerpos cetónicos ("acetona"); su presencia estimula el vómito cerrándose, así, un círculo vicioso (vómitos -> acetona -> vómitos-> acetona ->...). Así, dando azúcar, impedimos la formación de dichas sustancias. Cuando no es posible controlar los vómitos (se pierde más de lo que se ingiere) deberá llevar a su hijo a un Médico debiendo abstenerse de darle fármacos antieméticos (que inhiben el vómito) por su cuenta.

2. Si hay diarrea la hidratación debe hacerse con soluciones líquidas especiales (hipotónicas) que contienen, además de agua, aquellas sustancias que se pierden por las heces (bicarbonato, sodio, potasio, etc...). En la elaboración de estas soluciones es muy importante no hervir el agua para no hiperconcentrarlas. Por este motivo, tampoco es recomendable la elaboración casera de la llamada "limonada alcalina". La solución hipotónica debe darse después de cada deposición y a demanda (poco a poco si hay vómitos). Cuando no es posible controlar la diarrea (se pierde más de lo que se ingiere) deberá llevar a su hijo a un Médico debiendo abstenerse de darle fármacos antidiarreicos por su cuenta.

3. En caso de deshidratación deberá consultar con un Médico para que considere si la rehidratación (reposición de líquidos) debe hacerse por vía oral o intravenosa (goteo). En cualquier caso, siempre será mejor, si el niño tolera, la rehidratación por boca (vía oral) pues con ello se consigue más precozmente la expulsión por las heces de los gérmenes causantes, además de que "nutriendo" al intestino por boca éste se recuperará antes.

4. Con respecto a la alimentación, esta deberá ser casi NORMAL e iniciarla lo más pronto posible (el ayuno absoluto solo es beneficioso en casos severos y no debe durar más de 24 horas). Las dietas astringentes, todavía empleadas, no son de todo eficaces y, si se llevan a cabo, nunca deberá prolongarlas más de 3 días.

Entonces... ¿existe alguna alternativa para acortar la GEA?

- Ya hemos dicho que no es conveniente el empleo de antieméticos (que "cortan" el vómito) ni de antidiarreicos (que "cortan" la diarrea). Esto es debido a que su empleo en niños pueden generar más perjuicios que un verdadero beneficio.

- Con respecto a los llamados PROBIOTICOS (ultralevura  o similares) parece demostrarse, en algunos estudios, un cierto beneficio aunque no claramente significativo. Consulte a su pediatra la conveniencia de estos preparados en su hijo.

- ¿se podrían emplear antibióticos? Salvo en casos muy seleccionados, tampoco es recomendable el empleo de antibióticos ya que alteran la flora intestinal.

¿Cuando dura una GEA?

Es variable aunque lo habitual es que dure menos de 1 semana. No obstante, se considera absolutamente normal una diarrea que se prolongue un máximo de dos semanas. En cualquier caso, la hidratación y una alimentación normal (si es posible) constituyan los pilares un buen tratamiento.

Debe saber que la fiebre representa una respuesta del organismo frente a muy diversas situaciones. La inmensa mayoría de ellas en el niño son infecciones, donde el ascenso de la temperatura parece jugar cierto papel defensivo. Por tanto, ¿es la fiebre en sí misma un peligro?, ¿debe tratarse a toda costa?, ¿debemos angustiarnos tanto en su presencia? En lo que sigue responderemos paso a paso a estas preguntas, pero sin antes empezar por el principio...

1. Cuando crea que su hijo tenga fiebre y quiera cerciorarse de su temperatura real, deberá saber lo siguiente:

¿Que tipo de termómetro es el más fiable? Sin duda, el digital.  El termómetro de mercurio constituye una forma fiable de medición pero los riesgos derivados de su ruptura, aunque raros, desaconsejan su uso hoy en día. También desaconsejamos termómetros de tecnología más sofisticada como el ótico (oido) por la dificultad que entraña obtener, en algunos casos, la temperatura real.

¿Donde tomar mejor la temperatura? En nuestro medio (España y Países latinos), siempre nos vamos a referir a la temperatura axilar. La temperatura rectal, que suele estar 0,5 ºC por encima de la axilar, no deberá medirse en condiciones normales. La temperatura medida con el termómetro ótico se acerca más a la rectal.

¿Cuanto tiempo deberá esperar para conseguir la temperatura definitiva? Con los termómetros convencionales, habitualmente  3-5 minutos es suficiente. Algunos termómetros digitales son más rápidos; los óticos son inmediatos.

2. Una vez constatada la temperatura deberá saber, también, que hablamos de febrícula si la Tº axilar se encuentra entre 37,5 y 37,9 ºC, y de fiebre si se superan los 38 ºC. Por tanto, se considera NORMAL una temperatura menor de 37,5 ºC.

3. ¿Siempre es una infección la causa de la fiebre? Casi siempre. No obstante, aunque raros, puede haber otros motivos. La única excepción a esta regla se encuentra en los recién nacidos en quienes el exceso de abrigo puede elevar la temperatura sin que ello signifique infección.

4. ¿Cuando considerar al proceso febril como una URGENCIA? La fiebre NO debe ser considerada como un síntoma de alarma salvo en contadas excepciones (más adelante). Por tanto, no tiene ningún sentido salir corriendo al servicio de urgencias más próximo o actuar desesperadamente para conseguir bajarle la temperatura; del mismo modo tampoco debe preocupar en exceso una fiebre que apenas responde a los antitérmicos. ¿Por qué se les da tan poca importancia a estos hechos?

a) La mayor parte de las infecciones febriles tienen un origen vírico y, por tanto, son intrascendentes.

b) La fiebre es considerada como un mecanismo de defensa que puede llegar a ser beneficioso.

c) Por desgracia, las infecciones causantes de fiebre (independientemente de su gravedad) pueden no dar síntomas inicialmente y la exploración física inicial realizada por un Médico ser rigurosamente normal (fiebre sin foco). Del mismo modo una analítica rutinaria sería inicialmente normal (al menos en las primeras 6-12 horas de fiebre) por lo que carecería de fundamento exigirla para "quedarse tranquilos".

Siguiendo con lo anterior, no es nada raro que una infección febril permanezca sin dar síntomas (fiebre sin foco) durante toda su evolución y luego desaparecer sin haber dejado rastro de su origen.

d) No suele haber, salvo temperaturas elevadas en niños pequeños, relación exacta entre el grado de fiebre y la gravedad de la infección. Un simple catarro puede dar fiebre elevada mientras que una meningitis puede expresarse con temperaturas inferiores a 39 ºC.

Contestando a la pregunta formulada anteriormente, deberá consultar inmediatamente si su hijo:

Tiene menos de 3 meses.

Tiene una temperatura superior a 40ºC

Lleva 4 días o más con fiebre. Esto no es un signo de alarma pero deberá consultar obligatoriamente, aunque sin prisas, salvo que su pediatra le haya dado otras instrucciones.

Padece de alguna enfermedad crónica grave (malformación del corazón, inmunodeficiencia, cáncer en tratamiento quimioterápico).

Presenta síntomas de alarma:

Rigidez de nuca franca: solo puede explorarse en el niño de más de 1 ó 2 años y que colabora. Se dice que hay rigidez de nuca si el niño es incapaz de sujetar una hoja de papel con el mentón (cerrando la boca) sobre el pecho. No obstante, la fiebre elevada puede producir rigidez de nuca siendo necesario bajarla para comprobar que persiste.

Convulsión

Petequias. Son manchas puntiformes de color rojo que NO desaparecen al estirar la piel circundante. Los vómitos y la tos repetida producen petequias en cara y parte superior de tórax y no deben preocupar. También las infecciones víricas pueden producir petequias. Entonces... ¿cuando debe consultarse inmediatamente por petequias en presencia de fiebre? si son varias (rodearlas con un bolígrafo para cerciorarse que son de aparición progresiva) y, en caso de vómitos, su localización rebasa los límites anteriormente descritos. Aunque las causas más frecuentes de este tipo de petequias son banales (tos, infecciones víricas, etc), hay que consultar sin demora, más aún si existe decaimiento, para descartar infecciones graves y de rápida progresión.

Decaimiento importante. Cabe decir que la fiebre, por muy escasa que sea, puede producir decaimiento en el niño; solo deberá alertar si el decaimiento es importante y persiste pese a lograrse bajar la temperatura por debajo de 37,5º C.

Para el control de la temperatura:

¿Que hacer si hay febrícula (temperatura axilar entre 37,5 ºC y 37,9 ºC)? Hay una tendencia errónea a tratarla inmediatamente con antitérmicos. Son suficientes, aunque innecesarias, las medidas físicas: paños húmedos en frente, axilas e ingles y/o baños con agua TIBIA (nunca fría).

¿Qué hacer si hay fiebre (temperatura axilar mayor de 38 ºC)? Deberá haber consultado con su pediatra la dosis correcta, en función del peso de su hijo, de los antitérmicos. Inicialmente lo ideal es manejarse con un solo antitérmico que tenga escasos efectos secundarios como el Paracetamol. En casos más rebeldes puede requerirse de Ibuprofeno. Otra alternativa más agresiva es la Dipirona magnésica (=metamizol magnésico) cuyo empleo debe evitarse salvo por prescripción médica. Por supuesto, no deben olvidarse las medidas físicas.

Vigilancia domiciliaria

Esto es importante en las fiebres sin foco (sin síntomas) que llevan pocas horas de evolución (primeras 12-24 horas). Deberá vigilar si aparece alguno de los síntomas de alarma anteriormente mencionados pues las infecciones realmente graves suelen dar la cara pronto. Cuando los picos febriles llevan más de 24 horas de evolución, esta vigilancia no debe ser tan rigurosa pues la probabilidad de que exista una infección grave es baja.

Aunque hemos insistido en la importancia de la vigilancia inicial de una fiebre sin foco, también volvemos a recalcar en la necesidad de tranquilizarse ante esta situación y no pretender que se haga un diagnóstico precoz y exacto del origen de la misma; éste no siempre es posible y, la inmensa mayoría de las veces, la infección causante carece de trascendencia.

¿Cuando emplear antibióticos?

NUNCA si no es bajo supervisión médica y solo si su pediatra sospecha infección bacteriana (es bien sabido que los virus NO responden a los antibióticos). El empleo indiscriminado e injustificado de los mismos ha sido la causa de que muchas bacterias se hagan resistentes y el tratamiento de las enfermedades infecciosas sea, en algunos casos, difícil.

CONCLUSIONES:

1.Cerciórese de la temperatura real de su hijo midiéndola con un termómetro digital a nivel de axila.

2.Si la fiebre lleva pocas horas de evolución deberá extremar la vigilancia en casa de los signos de alarma descritos anteriormente y tratarla como su pediatra le haya instruido en visitas anteriores.

3.Acudirá sin demora a un centro Médico si aparece alguno de los signos de alarma mencionados previamente. En caso contrario deberá seguir controlando la fiebre en casa hasta que pueda acudir a su pediatra habitual.

4.No se agobie si su hijo no presenta síntomas aún y su Pediatra no encontró la causa de la fiebre (fiebre sin foco). La causa más frecuente de fiebre sin foco es la infección viral. Mientras tanto, tendrá que seguir tratando la fiebre en casa y consultar de nuevo si hay algún cambio o se cumplen las premisas que obligan a una consulta urgente.

Ingesta de tóxicos y cáusticos

¿Qué son los cáusticos?

Productos cáusticos son aquellas sustancias que tienen capacidad para producir quemaduras químicas en contacto con nuestro organismo. Existen sustancias cáusticas a las que los niños tienen relativo fácil acceso: la lejía, el amoniaco, la sosa cáustica (empleada en detergentes desatascadores químicos), las sales sódicas (como lavavajillas o detergentes) y los ácidos sulfúrico (agua fuerte) y clorhídrico (empleado como limpia metales y limpia WC).

¿Qué son los tóxicos?

Entendemos por tóxico a toda aquella sustancia que ingerida es capaz de producir algún efecto en nuestro organismo (intoxicación). Las intoxicaciones más frecuentes en la infancia son las producidas por los medicamentos existentes en el hogar. Son accidentes frecuentes que el hermano mayor jugando a los médicos le de unas cucharadas de un famoso antitérmico a su hermano menor, o que el niño a escondidas imite a su abuela y se tome las pastillas que la misma tiene guardada en su mesilla de noche.

¿Qué síntomas nos pueden hacer sospechar de la ingesta de cáusticos o tóxicos?

* Tras la ingesta de cáusticos, lo más característico es la dificultad o imposibilidad para deglutir lo que produce salivación intensa, babeo continuo, dolor de garganta o pecho al tragar, llanto, agitación e irritabilidad. Puede afectarse la boca, con hinchazón y dolor en labios, lengua y paladar, y la laringe desencadenando una respiración dificultosa y ruidosa. El dolor torácico o abdominal junto con vómitos que pueden ser con sangre, febrícula y mal estado general serían indicadores de gravedad.

* Debemos sospechar una intoxicación en casos de somnolencia, convulsiones, dificultad respiratoria, alteraciones de la marcha, vómitos... sin otra enfermedad que lo justifique, y en general, si el niño, sobre todo si es menor de 5 años, tiene síntomas complejos de inicio brusco. Hay que tener en cuenta que según el tóxico ingerido los síntomas pueden ser muy variados.

¿Qué debo hacer en casa?

El mejor tipo de tratamiento de este tipo de accidentes es su prevención. Para ello asegúrese que todos los medicamentos y los productos de limpieza de su hogar se encuentran bajo llave; nunca guarde productos domésticos peligrosos en botellas de agua o de refrescos, frascos vacíos o vasos.

No obstante, si su hijo ingiriera algún tipo de sustancia tóxica o cáustica tiene que actuar inmediatamente:

* Si la sustancia ingerida es un cáustico: Nunca provocar el vómito. La administración de agua o leche en pequeña cantidad (no gran cantidad para no provocar vómitos) puede ayudar a diluir el producto, disminuyendo de este modo su capacidad de lesionar. No obstante, en algunos casos puede ser preferible no dar nada para evitar un vómito inesperado y, de este modo, evitar que el cáustico vuelva a pasar por el esófago lesionándolo.

* Si la sustancia ingerida no es cáustica: Procurar el vómito mediante estimulación de la faringe del niño. El vómito no se inducirá en los siguientes casos: Disminución del nivel de conciencia (somnolencia); enfermedad neurológica previa del niño; y en ingesta de derivados del petróleo (gasolina, gasoil, etc), cáusticos o cianuro.

¿Qué datos debe aportar al médico?

* La dificultad está en que en muchas ocasiones los padres no están presentes en el momento de la ingesta del producto, por lo que hay que recopilar datos a partir de hallazgos indirectos. Recoger en una bolsa y llevar al médico todos los medicamentos existentes en casa, independientemente de que usted crea que el niño haya podido tener acceso a los mismos o no.

* Si conoce la sustancia ingerida, no olvide llevar el envase o etiqueta de la misma pues conocer exactamente su composición es de importancia capital para que el médico pueda aplicar el tratamiento más adecuado. También debe informar sobre la cantidad de sustancia ingerida , tiempo transcurrido aproximado, si su hijo ha vomitado o no, los síntomas que presenta el niño ( llanto, irritabilidad, babeo, nauseas, vómitos...)

Laringitis aguda en urgencias

¿Qué es la laringitis aguda?

Es una enfermedad infecciosa que afecta a la vía respiratoria de los niños. Por la inflamación que produce ocasiona una disminución más o menos importante del calibre de la vía aérea del niño, que es más estrecha que la del adulto y provoca síntomas de dificultad respiratoria.

¿A qué niños afecta con mayor frecuencia?

Sobre todo a niños entre los 3 meses y los 3 años, con un pico máximo alrededor de los 2 años. Afecta más a niños que a niñas.

¿Qué gérmenes son sus causantes?

La inmensa mayoría de laringitis en los niños son causadas por virus, por lo que el tratamiento con antibióticos no está indicado en principio. Sin embargo en muy raras ocasiones puede existir una infección bacteriana que complique el cuadro inicial, en cuyo caso estaría justificado el empleo de antibióticos.

¿Cuáles son sus síntomas?

Los síntomas típicos de la laringitis aguda son la tos perruna, la afonía y el estridor. El estridor es el ruido que produce el aire al pasar por la laringe inflamada. Es un ruido que llama la atención por su intensidad y carácter agudo y se produce cuando el niño intenta coger aire (inspiración). Estos síntomas empeoran si el niño llora o se encuentra agitado. La temperatura aumenta sólo ligeramente y rara vez alcanza los 39-40ºC.

Si el empeoramiento es progresivo aparece dificultad para respirar que se aprecia como aumento en la frecuencia de las respiraciones, la retracción de la piel alrededor del cuello al intentar coger el aire o aleteo de las alas de la nariz al respirar. Aunque los síntomas pueden apreciarse durante todo el día, es habitual que empeoren por la noche. La duración de la enfermedad es habitualmente inferior a una semana.

Es frecuente que la laringitis ocurra después de algunos con síntomas catarrales típicos como tos leve, aumento de mucosidad nasal o febrícula (37-38ºC).

¿Qué debo hacer?

La laringitis es un cuadro habitualmente poco grave pero que debe ser controlado por su pediatra. Sin embargo hay ciertas medidas que favorecen esta evolución. Así, es aconsejable:

- Mantener humedad ambiental elevada, sobre todo durante la noche.

- Hacer lavados nasales frecuentes con suero salino, sobre todo, antes de acostarle y antes de las tomas.

- Mantener al niño tranquilo, intentar evitar que se agite o que llore

- Acostarle “boca arriba” y en posición levemente semi-incoporado la cabecera de la cama o cuna. Para esto podemos introducir algún  calzo (libros o similar) bajo las patas de la cabecera de la cama o cuna o introduciendo algunas mantas dobladas bajo la parte superior del colchón.

- Ofrecer las tomas en menos cantidad y más frecuentes.

- Ofrecer abundantes líquidos entre las tomas.

¿Cuándo debo consultar con mi pediatra?

Es importante que el niño sea visto por su pediatra habitual lo antes posible. Existen una serie de signos o síntomas “de alarma” que en caso de aparecer hacen necesario que el niño sea valorado por un pediatra inmediatamente. Estos signos son:

-  Empeoramiento progresivo de la dificultad respiratoria (estridor intenso, aumento de la frecuencia respiratoria, retracción de la piel alrededor del cuello al intentar coger el aire, aleteo de las alas de la nariz al respirar…).

- Si los labios o la cara aparecen de color amoratado o azulados.

- Si la fiebre no se controla con antitérmicos habituales ni medidas físicas como baños de agua tibia o compresas frías.

- Si aparece rechazo absoluto de la alimentación o los líquidos.

- Si el niño aparece cada vez más decaído o llamativamente agitado.

¿Cual es el tratamiento?

Como ya se ha comentado, al ser una infección viral, el tratamiento de la causa no es posible. Sin embargo es adecuado el tratamiento sintomático de la enfermedad. Deberán aplicarse todas las medidas generales comentadas más arriba ya que son la parte más importante del tratamiento. Sin embargo, cabe la posibilidad que, tras ser valorado por su pediatra, éste le indique un tratamiento con corticoides inhalados que, habitualmente serán de corta duración. En casos excepcionales, puede ser necesario el ingreso del niño para mantenerlo observado y utilizar otros fármacos inhalados más potentes (adrenalina) o con suplementos de oxígeno hasta que el niño mejore.


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