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Lo Las relaciones sexuales
entre personas del mismo sexo en la
transición del feudalismo al capitalismo
Por: Pablo Ben
Este artículo salió
publicado en Razón y revolución, 1996,
No 2.
Pablo
Ben es activista gay y antropólogo, investiga
acerca de las concepciones y prácticas de género
en la corporación médica a finales del
siglo XIX y principios del XX en Argentina. Se encuentra
en prensa un artículo sobre la construcción
médica de la feminidad en "Historia de
las Mujeres" (Taurus), así como también
un análisis del hermafroditismo en el libro
"Cuerpos, Géneros e Identidades. Estudios
de Historia de Género en Argentina". Sus
intereses teóricos se centran en la teoría
marxista, el psicoanálisis, el feminismo, la
teoría queer, y el postestructuralismo. Cualquier
persona que desee comunicarse con el autor, puede
hacerlo enviando un mail a benpablo@zxmail.com
y obtendrá una respuesta a la brevedad.
Este trabajo presenta
una visión histórica de la homosexualidad.
Desafortunadamente no existe todavía material
suficiente para realizar un estudio que abarque el
feudalismo occidental en un hilo de continuidad y
que tome como eje la sexualidad en general, o las
relaciones entre personas del mismo sexo en particular,
menos aún puede prolongarse esta continuidad
hasta el presente.
A la falta de material existente se suman las dificultades
para conseguir ese material en un país como
Argentina. Por eso, nos hemos limitado ha rescatar
particularidades históricas de las relaciones
sexuales entre personas del mismo sexo. Presentamos
una lectura que recorta esta especificidad, aún
en textos que tienen una visión de la homosexualidad
como categoría que representa un comportamiento
existente a lo largo de toda la historia, como "Cristianismo,
tolerancia social y homosexualidad" de John Boswell.
Nos referiremos a momentos históricos que se
encuentran subsumidos bajo relaciones sociales feudales,
pero que, en algunos casos, distan en siglos unos
de otros. No debe interpretarse esto como un intento
de señalar una similitud esencial que recorre
el feudalismo, ya que comenzando por los huecos, la
falta de material, y siguiendo por la desatención
de elementos de gran importancia, no estamos en condiciones
de establecer algo así. El objetivo central
ha sido contrastar las relaciones entre personas del
mismo sexo en el pasado con la homosexualidad del
siglo XIX y XX, para marcar que la sexualidad no es
otra cosa que un comportamiento humano histórico,
aún cuando tenga aspectos biológicos
o de otro tipo.
Intentaremos explicar el origen de los cambios en
la sexualidad entre personas del mismo sexo que se
produjeron desde el siglo XVIII como producto de la
extensión de nuevas relaciones sociales. Asimismo
haremos referencia al modo unilateral en que estos
cambios fueron leidos desde la ciencia decimonónica.
El pecado sodomítico
Katz (1994) afirma que no podemos utilizar los términos
"lesbiana" o "gay", "homosexual"
y "heterosexual", como si fueran de referencia
o significado universal. Hasta hace poco la utilización
de estos términos había sido ahistórica,
y sólo en los setenta la historia comenzó
a introducirse en la sexualidad como un objeto que
no tenía razón para escaparse hacia
otras disciplinas y quedarse refugiado sólo
en ellas.
El problema de utilizar una categoría como
homosexual para pensar el pasado es que al no problematizarse
el caracter particular que toman las relaciones sexuales
y los vínculos que éstas generan en
un contexto histórico particular, los conceptos
del presente que transportamos al pasado ocultan la
realidad histórica y ordenan los datos arbitrariamente.
Partiendo de esta premisa y analizando las formas
particulares que adopta la sexualidad en cada período,
Katz ordena documentos referentes a la sexualidad
del mismo sexo que abarcan la historia de Norteamérica
desde 1607 hasta 1950 sobre la base de una introducción
teórica a dos períodos: El primero de
ellos es el que denomina "La Era del Pecado Sodomítico"
y abarca desde 1607 hasta 1740, el segundo, "La
Invención del Homosexual" abarca el período
que comienza en 1880 y culmina en 1950.
En el primer período los documentos muestran
casos de sodomía, de actos sexuales con personas
del mismo sexo, pero no de individuos con identidad
homosexual o que exclusivamente practican actividad
sexual con otro individuo del mismo sexo. Los casos
documentados de juicios hacen referencia a hombres
casados -con mujeres- que cometían pecados
contra "la prosperidad y la familia" (pag.30).
Las relaciones entre personas del mismo sexo eran
vistas en las colonias norteamericanas como peligros
para la familia en tanto unidad de producción.
La homosexualidad, tal cual hoy la pensamos, no existió
en otras sociedades. Durante la Edad Media, las relaciones
sexuales entre personas del mismo sexo se consideraban
acciones pecaminosas que cualquiera, potencialmente,
podía realizar, y no existía una categoría
de personas especialmente inclinadas a ello.
Edmond Pognon (1991), focalizando en un período
absolutamente diferente, en el año 1000, nos
da una idea de cómo se pensaban las relaciones
entre personas del mismo sexo en su estudio del penitencial
de Burchard1. Allí, la sodomía aparece
como un "pecado de la carne", junto con
los delitos contra la castidad tales como el incesto
y el adulterio. La sodomía, a diferencia de
lo que luego sería la homosexualidad, aparece
como un tipo de actividad que no es propia de individuos
que no tienen relaciones con el sexo opuesto, o que
no desean tenerlas:
"...el hombre casado que haya tenido este tipo
de desviación una o dos veces, cumplirá
diez años de penitencia, el primero a pan y
agua; si se ha convertido en costumbre, doce años;
si ha sido cometido con el hermano, quince años."(Pognon.
1991. pag. 147)
1.- Según Pognon
(1991):
"La forma de concebir y de poner en práctica
el perdón concedido al pecador había
variado desde su origen. En el año 1000 prevalecía
la norma de la 'penitencia estipulada' desde hacía
unos siglos. En otras palabras, a cada pecado le correspondía
una sanción determinada según la gravedad
del caso. Esos preceptos y penas se hallaban establecidos
por escrito: son los llamados libros penitenciales.
Cualquiera que sea nuestra opinión sobre esta
moral de contaduría, el valor documental de
estos catálogos de pecados resulta innegable."
(pag.139-40)
Aún cuando la
sodomía se haya "convertido en costumbre",
es evidente que no excluye que el sujeto que la practica
este casado con alguien del sexo contrario. Aún
Boswell, en su estudio "Cristianismo, Tolerancia
social y Homosexualidad", donde sostiene que
también hay homosexualidad en la edad media
(es decir, que las relaciones entre personas del mismo
sexo en la edad media y en la actualidad son equiparables),
al analizar unos versos donde está presente
el erotismo hacia personas del mismo sexo, debe reconocer
que en esa época -se refiere al siglo XII-:
"La sexualidad gay se representa, en el peor
de los casos, como una forma lamentable de carnalidad
entre los hombres casados"(pag. 259).
Algo similar ocurre con Carrasco (1985), que extiende
el concepto de homosexualidad a su estudio de la sodomía
entre los siglos XVI y XVIII, pero afirma que "el
mundo de la sodomía [...][estaba] más
abierto que la homosexualidad actual sobre el campo
de la actividad llamada normal -heterosexual-, y [...][aparecía]
como un complemento o derivativo de ésta".
D'Emilio (1992) explica en un comentario al libro
de Alan Bray "Homosexuality in Renaissance England"
que según este autor en los siglos XVI y XVII,
la sodomía era concebida como parte de un "universo
simbólico" que incluía la herejía
y la brujería, algo que tambien encontramos
en el mismo períodos en Valencia (Carrasco.
1985). La sodomía era una forma de comportamiento
salvaje en relación al sexo, "una capacidad
que todos compartían"(pag.102). D'Emilio
cita las palabras textuales del autor cuando afirma
que la sodomía no era "una sexualidad
en sí misma, sino que existía como un
potencial de confusión y desorden en una sexualidad
indivisa"(pag.102). En tanto la sodomía
tenía estas características era objeto
de denuncias horrorosas, pero no por su distancia
del comportamiento que hoy denominaríamos heterosexual,
sino de la misma manera en que se castigarían
otros pecados de la carne. Según Bray, "la
barrera entre el comportamiento heterosexual y homosexual...
en la práctica era vaga e imprecisa"(102)
Volviendo al estudio de Pognom del penitencial de
Burchard, podemos notar, además, que la sodomía
aparece como un pecado equiparable -aunque por supuesto
castigado más severamente- a la masturbación
y a la satisfacción sexual de un hombre al
abrazar a una mujer. El penitencial parece explicar
este tipo de conductas en los hombres "por no
tener una esposa 'para calmar su líbido'"(pag.148).
Es decir que cualquier persona, podía cometer
este pecado, no existían individuos con determinada
personalidad especialmente proclives a este deseo
en particular.
Esto último queda claro en el penitencial tanto
en el caso de los hombres como de las mujeres. Burchard
describe mujeres (pag.149) que "'tienen por costumbre'
equiparse para actuar como hombres ante la compañera"
e inmediatamente a continuación habla de las
"que utilizan en solitario dicha prótesis"(pag.149).
Brown (en Amelang. Nash. et als. 1990) encontró
en el Archivo del Estado de Florencia un documento
escrito entre los años 1619-23 que se refería
al "Caso de una monja de Pescia que afirmaba
ser objeto de acontecimientos milagrosos, pero que
después de la investigación resultó
ser mujer de mala reputación". El documento
resultó ser el juicio a una monja que tenía
relaciones con una de sus compañeras en el
monasterio. La autora presenta extractos traducidos
del documento con una breve introducción en
la que nos previene:
"Es [...] importante considerar que las autoridades
eclesiásticas que entendieron el caso carecían
de los términos de identificación sexual
que se hubieran usado en el contexto del siglo XX.
[...] en una escala de actos sexuales pecaminosos
el comportamiento de Benedetta en el peor de los casos
hubiera sido calificado de sodomía (esto es,
establecimiento del coito en receptáculo antinatural),
que podía castigarse con la muerte en la hoguera.
Sin embargo, algunos teólogos y abogados de
la época podrían haber considerado sus
acciones como polución provocada por el frotamiento
de las partes pudendas. Todavía habría
quienes las habrían llamado masturbación
mutua. Todos estos actos pecaminosos eran de menor
gravedad que la sodomía. Pero al margen de
que sus contemporáneos pensaran que el pecado
o crimen secular cometido por Benedetta era más
o menos grave, no hubieran aplicado el término
'lesbiana' como categoría específica
para la identificación sexual femenina. Esto
no significa afirmar que la relación de Benedetta
con su amante no fuera emocional o sexualmente satisfactoria,
sino simplemente decir lo que después de todo
es más bien obvio: sexualidad y cultura estan
entrelazadas y las interpretaciones de Benedetta y
de las autoridades, por muy diferentes que fueran
entre sí, también son necesariamente
diferentes de las nuestras."(pag. 174-5)
Si bien en este caso, en que se trata de una monja,
no existían relaciones paralelas con hombres,
podemos encontrar que la actividad sexual que realizaba
esta monja no estaba vinculada a una identidad personal.
La monja decía estar poseida por un angel mientras
disfrutaba sexualmente con su compañera, no
se veía a sí misma como perteneciente
a un tipo de individuos en especial por esta acción
que realizaba:
"Puesto que las relaciones hombre-mujer eran
las únicas que parecía reconocer, su
identidad másculina [la que adoptaba cuando
se imaginaba a sí misma como angel] le permitía
tener relaciones sexuales y emocionales que no podía
concebir entre mujeres. Para alcanzar el objeto de
su deseo sexual necesitaba una inversión completa
de su propio rol sexual" (pag.174)
Inversión que alcanzaba asumiendo la apariencia
del ángel Splendidiello. Del mismo modo, quienes
la juzgaron, vieron en esto que:
"un caso tan horrible y contra natura es tan
detestable y causa tanto horror, que no puede mencionarse"
(pag.169)
Pero no vieron en ello una perversión vinculada
a toda la vida de esta monja.
Saslow (1989), en su libro "Ganímedes
en el Renacimiento. La homosexualidad en el arte y
en la sociedad", un estudio que abarca desde
mediados del siglo XV hasta mediados del XVII, cuenta
lo siguiente:
"Un episodio secundario de la función
de Ganímedes como copero, y que aparece de
vez en cuando representado en el Renacimiento, es
como sustituto de la que anteriormente ostentaba ese
cargo, la diosa Hebe, hija de Juno." (pag.16)
Es evidente que aquí los hombres y las mujeres,
en tanto objetos de placer, son intercambiables, quien
desea a unos no necesariamente excluye a los otros
de su fantasía. Más adelante en la página
el autor comenta una interpretación del mito:
"aunque Ganímedes es el único varón
entre la multitud de amores de Júpiter, es
también el único que será honrado
con una invitación a los cielos"
El autor dice más adelante en el libro, en
referencia a esto que:
"El hecho de que Júpiter prefiriera a
Ganímedes sobre Hebe y el consiguiente resentimiento
celoso de Juno fueron interpretados a menudo como
una parábola de dos fenómenos sociales
íntimamente unidos entre sí: la subordinación
o valía secundaria de las mujeres y el efecto
potencialmente perturbador de las infidelidades homosexuales
del hombre en las relaciones entre marido y mujer.
El uso esporádico de Ganímedes en el
simbolismo conyugal está estrechamente ligado
a sus implicaciones más amplias, como una sanción
clásica para, y un paradigma de, una misoginia
generalizada que a su vez serviría para justificar
la homosexualidad másculina"(pag.126-7)
El autor continúa probando esto con casos concretos
donde los hombres y las mujeres -en matrimonio- discuten
sobre la infidelidad del hombre con otros hombres,
pero es evidente aquí también que el
deseo hacia el mismo sexo no está necesariamente
desvinculado del deseo hacia el sexo opuesto. El estudio
de Boswell (1993) que también trabaja sobre
interpretaciones medievales del mito de Ganímedes,
da muestras claras de estas discusiones sobre la preferencias
sexuales de hombres o mujeres realizadas por hombres
que evidentemente participaban de relaciones sexuales
con los dos sexos.
Todos los casos de relaciones sexuales entre personas
del mismo sexo en la edad media parecen responder
al patrón de simultaneidad de las relaciones
entre personas de diferente sexo y del mismo. Esto
implica que las relaciones entre personas del mismo
sexo no se ven como conductas que tienen consecuencias
en la vida del individuo en general, más allá
de lo sexual. Cualquier tipo de actividad sexual no
reproductiva, durante la edad media, era penalizada
en tanto pecado, y no se afirmaba, en ningún
caso, que esta actividad tuviera consecuencias para
el desarrollo físico y mental de la persona.
La actividad sexual, era una actividad pecaminosa,
pero se hallaba desvinculada del resto de la actividad
humana, no la determinaba.
D'Emilio (1992) en un intento de realizar un recuento
crítico acerca de la historia de las relaciones
entre personas del mismo sexo toma como uno de los
ejes la investigación sobre las identidades
y las subculturas en relación a la sexualidad,
y específicamente a lo que en la actualidad
denominamos homosexualidad. Su recuento resulta interesante
para nuestros objetivos porque la existencia de identidades
ligadas a la práctica de relaciones sexuales
con personas del mismo sexo es precisamente lo que
caracteriza a la homosexualidad en nuestro siglo.
El surgimiento de una identidad homosexual no es posible
si no se asocia el comportamiento sexual entre personas
del mismo sexo con un tipo de individuo con determinada
personalidad, sea esta positiva o negativa2.
2.- Barry (1987) afirma
que:
"Lo que distingue los mundos modernos lésbicos
y gays de los ejemplos históricos y antropológicos
de homosexualidad es el desarrollo de redes sociales
fundadas en el interés homosexual de sus miembros."(pag.6)
El autor distingue una serie de características
que serían propias del mundo lésbico-gay
en la actualidad, y que no existen en otras sociedades:
"1. Las relaciones homosexuales han escapado
a las estructuras de el sistema de parentesco heterosexual
dominante.
2. La homosexualidad exclusiva, ahora posible para
ambas partes de la pareja, se ha convertido en un
camino alternativo a las formas familiares convencionales.
3. Las relaciones entre personas del mismo sexo han
desarrollado nuevas formas sin estar estructuradas
alrededor de alguna categoría de género
o de edad en particular.
4. La gente ha llegado a descubrirse y formar redes
sociales de gran escala no sólo por las relaciones
sociales ya existentes sino por su interés
homosexual.
5. La homosexualidad ha llegado a ser una formación
social en sí misma caracterizada por la autoconciencia
y la identidad de grupo." (pag.6)
D'Emilio remite a un
estudio de Guido Ruggiero sobre la sexualidad en Venecia
durante el Renacimiento, donde existió una
subcultura ligada a las relaciones sexuales entre
personas del mismo sexo. De todos modos -agrega D'Emilio-,
por las descripciones de Ruggiero, se puede concluir
que las relaciones se daban mayormente entre un adulto
y un joven. La homosexualidad actual, no necesita
de ninguna edad específica.
El caso de Venecia en el Renacimiento -nos dice D'Emilio-
se acerca bastante a la descripción de Bray
de la Inglaterra renacentista. Al igual que el estudio
de Carrasco en base a los juicios de la Inquisición
española en Valencia, la investigación
de Monster sobre la Inquisición española
del siglo XVI, concluye que no existía una
subcultura o una identidad homosexual. Coward -continua
D'Emilio- en una investigación sobre la Francia
del siglo XVIII afirma que "la misma idea de
identidad sexual es difícil de encontrar".
En el libro de Saslow, las discusiones que él
relata muestran a mujeres que acusan de lascivos a
los hombres que tienen relaciones con otros hombres,
el penitencial de Burchard, como vimos, habla de pecados,
de costumbres; no de tipos de individuos con una sexualidad
exclusivamente orientada hacia el propio sexo y con
una personalidad, un físico, etc. que se corresponden
con esa sexualidad. No hay sexualidades desviadas,
hay sexualidades pecaminosas. Lo mismo ocurre en el
caso de la investigación de Carrasco (1985):
"Esta diferencia entre sodomía y homosexualidad
es en efecto capital a la hora de comprender, no tanto
el hecho de la represión -pues los homosexuales
también serán perseguidos, aunque a
partir de otros criterios y de otro tipo de código-,
como la práctica discursiva en la cual se integra,
se define y 'funciona' el fenómeno 'sodomía'
en tanto que 'delito de sodomía'. Foucault
pone perfectamente de relieve [como veremos en la
cita que aparece más adelante en el trabajo]
la ruptura fundamental que se opera a lo largo del
siglo XVIII y que va a desembocar, en el siglo siguiente,
en una 'incorporación de las perversiones'
que acompaña 'una nueva especificación
de los individuos'. Así en la oposición
sodomita-homosexual, se oponen la ley y la medicina,
la penalidad y la instrucción.
El sodomita que nosotros estudiamos, efectivamente,
todavía no ha sido marcado por el sello específico
de la perversión. Es un puro sujeto jurídico.
El inquisidor no busca nada en él, en su anatomía,
en su psicología, en su modo de vida, en su
biografía, que revele la diferencia esencial,
el trabajo corroedor de los instintos torcidos. La
manera de conducir los procesos lo muestra claramente:
la prueba no va más allá de la materialidad
del acto."(pag.46)
Surgimiento de la homosexualidad
Desde el siglo XVIII se insinua un cambio en cuanto
a como se pensaran los comportamientos sexuales no
reproductivos. Carrasco (1985) nos dice que:
"Está claro que en 1730, ya se le estaba
quitando a la sodomía el estrecho corsé
teológico-moral en el que había sido
encerrada desde el siglo XIV, lo que no significó
ni una nueva comprensión del fenómeno
en términos más liberales, ni el anuncio
del final de la represión: la sodomía
fue simplemente integrada de otra manera, más
fina y diferenciada, en el discurso de los poderes
sobre el sexo."(pag.84)
En el párrafo anterior a éste el autor
ejemplifica esto con un ejemplo concreto:
"Joseph Simó, de una vieja familia honrada
de la península, 'anda divagando' por la región.
Cerca de Vinaroz, viola a un muchachito al lado del
camino, detrás de una mata. Los testigos interrogados
por el comisario no se extrañan de lo ocurrido:
Simó es 'muy travieso'. No quiere trabajar.
Juega, y para ello vende la ropa que su mujer trajo
a la casa, y además le pega, la abandona. Sus
padres no le quieren dar 'la legítima' ni sus
suegros la dote. Cuando sale en 1734 la orden de 'apresión
de vagabundos', la familia pide que sea preso y mandado
a servir en Orán. Simó roba dinero y
huye, y es entonces cuando comete el atentado nefando.
En estos procesos el acto sodomítico como tal
pasa a un segundo término y el proscenio lo
ocupa todo un contexto socioindividual que viene a
ser la génesis del acto incriminado en tanto
que acto asocial. Este discurso es nuevo."(pag.
84)
Los primeros tratados que advertían los peligros
de la masturbación para el desarrollo personal,
no pensándola ya tan sólo en referencia
al pecado también comenzaron a aparecer ya
en el siglo XVII, como el de Samuel Tissot "On
onania" de 1758. (Weeks. 1993. pag.114) Comenzaba
a identificarse toda la actividad sexual no reproductiva
con los problemas físicos y mentales.
Sin embargo, la homosexualidad, como categorización
"científica", se encuentra vinculada
a toda una clasificación de comportamientos
sexuales que se comenzó a construir hacia mediados
del siglo XIX y se consolidó en sus finales,
y en el comienzo del siglo XX
Por esto, es importante que comencemos por una breve
referencia a la constitución de este pensamiento
sobre la sexualidad que tiene fuertes lazos de continuidad
en el presente.
Hacia mediados del siglo pasado, cuando la medicina,la
psiquiatría y la psicología empiezan
a constituirse como disciplinas independientes que
cobran fuerza en detrimiento de otros saberes y disciplinas,
se produce una categorización de los comportamientos
sexuales en la cual todos los comportamientos no-reproductivos
son vistos como problemas físicos o mentales
y ya no serán pecados como lo habían
sido durante toda la edad media y hasta entonces.
Salvo la sexualidad masculina, que se concibe como
desenfrenada pero sana (siempre y cuando sea la sexualidad
del adulto que tiene por objeto al sexo opuesto),
el resto de las expresiones de la sexualidad, desde
el goce de la mujer, hasta la masturbación,
pasando por la homosexualidad son denunciadas como
enfermedades. Gayle Rubin (1989) da cuenta de esto
cuando explica que:
"Durante el siglo XIX era creencia común
que un interés 'prematuro'3 por el sexo, la
excitación sexual y, sobre todo, el orgasmo
dañarían la salud y maduración
de un niño. Los teóricos diferían
en sus opiniones sobre las consecuencias reales de
la precocidad sexual. Algunos pensaban que llevaba
a la locura, mientras que otros simplemente predecían
un menor crecimiento. Para proteger a los jóvenes
de un despertar 'prematuro', los padres ataban a sus
hijos por la noche para que no se tocaran; los médicos
extirpaban al clítoris de las niñas
que se dedicaban al onanismo" (pag.115)
3.- Podríamos decir un interés
sexual anterior al desarrollo de un aparato sexual
que le otorgue consecuencias reproductivas.
Es interesante notar,
como continúa la autora, que "Aunque las
técnicas más burdas han sido abandonadas,
las actitudes que las produjeron existen" (pag.115).
Pero las consecuencias de este pensamiento en el presente
es un tema que aquí no trataremos. Por ahora
nos interesa señalar centralmente un supuesto
que recorre todas estas afirmaciones sobre las consecuencias
perjudiciales de la sexualidad no reproductiva. En
términos de Richard von Krafft-Ebing, en un
libro -Psychopathia Sexualis- escrito en 1887:
"Muy pocas personas son concientes de la profunda
influencia de la vida sexual en los sentimientos,
el pensamiento y la acción del hombre en su
relación social con los demás"
(En: Weeks, Jeffrey. 1993. pag.110)
Esta asociación entre conducta sexual y conducta
no sexual -donde la primera determina a la segunda-
que tan claramente expuso en esta frase Krafft-Ebing;
estaba presente en todas las caracterizaciones de
las conductas sexuales, incluyendo la ninfomanía,
la masturbación, la histeria, la zoofilia,
etc. Todas estas conductas mostraban un tipo particular
de relación entre la sexualidad y el resto
de la vida del individuo. Tal conducta "desviada"
tendría tales consecuencias comportamentales,
también "desviadas", y tales consecuencias
sociales. Weeks nos dice al respecto:
"... lo que el individuo hacía ahora [cuando
practicaba una conducta sexual "desviada"]
era algo más que infringir las leyes divinas;
también determinaba qué tipo de individuo
era. El deseo era una fuerza poderosa, existente antes
del individuo, capaz de destrozar su débil
organismo con fantasías y distracciones que
amenazaban su individualidad y su sano juicio. De
ahí nació una fuerte tradición
de ver en los inocuos goces de la masturbación
la causa de defectos de carácter que iban desde
la debilidad mental y la homosexualidad, a la pereza
e incompetencia financiera, y, por lo tanto, al desorden
social." (Weeks. 1993. pag.115)
Esta determinación de la vida del ser humano
por su conducta sexual, en términos de los
sexólogos se manifestaba en cada una de las
conductas "aberrantes", la homosexualidad
no constituyó una excepción. Como dice
Foucault en su primer volumen de la "Historia
de la Sexualidad":
"La sodomía -la de los antiguos derechos
civil y canónico- era un tipo de actos prohibidos;
el autor no era más que un sujeto jurídico.
El homosexual del siglo XIX ha llegado a ser un personaje:
un pasado, una historia y una infancia, un carácter,
una forma de vida; asimismo una morfología
con una anatomía indiscreta y quizás
misteriosa fisiología. Nada de lo que el es
in toto escapa a su sexualidad. Está presente
en todo su ser: subyace en todas sus conductas puesto
que constituye un principio insidioso e indefinidamente
activo; inscrita sin pudor en su rostro y su cuerpo
porque consiste en un secreto que siempre se traiciona.
Le es consustancial, menos como un pecado en materia
de costumbres que como una naturaleza singular.[...]
La homosexualidad apareció como una de las
figuras de la sexualidad cuando fue rebajada de la
práctica de la sodomía a una suerte
de androginia interior, de hermafroditismo del alma.
El sodomita era un relapso, el homosexual es ahora
una especie.
Del mismo modo que constituyen especies todos esos
pequeños perversos que los psiquiatras del
siglo XIX entomologizan dándoles extraños
nombres de bautismo: [...] exhibicionistas [...] fetichistas
[...] zoófilos [...] zooerastas [...] automonosexualistas
[...] mixoescopófilos [...]ginecomastas, los
presbiófilos, los invertidos sexoestéticos,
y las mujeres dispareunistas." (Foucault. 1990.
pag.56-7)
Según Weeks, este pensamiento que ve a los
comportamientos sexuales no reproductivos como determinantes
de enfermedades sexuales tiene dos momentos constitutivos
importantes:
El primero fue el impacto de Darwin, uno de los grandes
hitos en la secularización del pensamiento
occidental. Si tenemos en cuenta que la tradición
religiosa había conceptualizado la conducta
sexual como pecaminosa en su conjunto, la idea de
que se podía aplicar la selección natural
al hombre ejerció un efecto secularizante sobre
la forma de pensar las conductas sexuales, que a partir
del siglo pasado dejaron de ser pecados, para convertirse
en conductas que repercutirían sobre toda la
personalidad del individuo -y su desarrollo biológico-
de manera negativa.
Aquí debemos tener en cuenta, cuando apelamos
al concepto de secularización, que esta no
implica una desreligiosidad plena, sino una combinación
de elementos, algunos de los cuales establecen una
ruptura con la religión, al tiempo que otros
conservan trazas de similitud esencial con esta. Si
bien el cambio de lo pecaminoso a lo desviado de lo
natural es un corte con el discurso religioso, el
criterio reproductivo como norma conserva su vigencia
bajo otras formas.
Pero en la emergencia de esta concepción de
la determinación natural -allí donde
antes había una conducta moral negativa frente
a Dios- ocupó un lugar importante otra idea
de Darwin:
"... la idea de que la selección sexual
(la lucha por la pareja) actuaba de manera independiente
de la selección natural (la lucha por la existencia),
de modo que la supervivencia dependía de la
selección sexual, y la última prueba
del éxito biológico residía en
la reproducción"(Weeks.1993. pag.116)
El segundo momento fue la publicación de Psychopathia
sexualis, de Krafft-Ebing, seguido de los trabajos
de decenas de sexólogos en toda Europa que
escribían manuales que clasificaban con minunciosidad
las diferentes conductas sexuales y las personalidades
a ellas asociadas:
"Hay un elemento central en los trabajos de estos
autores y es la noción de que, bajo la diversidad
de experiencias individuales y consecuencias sociales,
subyace un complejo proceso natural que debía
ser entendido bajo todas sus formas. Este proyecto
exigía, en primer lugar, el despliegue de un
gran esfuerzo de clasificación y definición
de patologías sexuales, lo cual originó
aquella impresionante serie de minuciosas descripciones
y rotulaciones taxonómicas tan características
de finales del siglo XIX."(Weeks. 1993. pag.118)
Resumiendo, podríamos decir, que en el siglo
pasado, surgió una nueva forma de pensar la
sexualidad, como producto del proceso de secularización,
donde las diferentes conductas sexuales no reproductivas
dejaron de ser simplemente pecaminosas para constituirse
en determinantes de tipos de individuos "desviados",
de personalidades "desviadas", y a su vez,
afectar procesos sociales. Este pensamiento en torno
a la sexualidad, especificó y clasificó
diferentes conductas sexuales constitutivas de diferentes
tipos de individuos y con diferentes consecuencias
sociales. El surgimiento de este pensamiento estaría
vinculada a la afirmación de Darwin de la independencia
de la selección sexual respecto de la natural,
y su importancia reproductiva, en tanto ésta
implica "éxito biológico".
Y por otro lado sería producto también
de la formulación de minuciosas descripciones
sobre miles de personas realizadas por investigadores
de la sexualidad que comenzaban a tener acceso a un
campo que había estado vedado y controlado
por la iglesia.
Pero este proceso que identifican muchos de los investigadores
que trabajan sobre la problemática del género,
no fue simplemente un cambio en la forma de pensar,
o mejor, sí lo fue, pero tenía un correlato
con los procesos de cambio que se estaban operando
en la realidad. Con esto no queremos decir que estos
pensadores que vieron en las "desviaciones"
sexuales los orígenes de todos los males individuales
y sociales, estuvieran realizando una descripción
adecuada de la realidad.
Pero aún cuando consideremos que su descripción
de la realidad no era adecuada, debemos notar que
lo que estaba ocurriendo era más que un cambio
en la forma de pensar, estaba ocurriendo un cambio
en las conductas sexuales y en las relaciones cotidianas
entre los individuos que ponía en crisis la
vieja idea de que sus conductas sexuales eran pecado,
y esto fue pensado en el marco de las tradiciones
de pensamiento que se estaban constituyendo, de modo
que se absolutizaron algunas tendencias de la realidad
y se obviaron otras.
La influencia de Darwin u otros personajes destacados
que tuvieron peso sobre todo el pensamiento del siglo
pasado y del presente, es innegable, pero estas influencias,
estos marcos teóricos, sirvieron para pensar
una realidad diferente en proceso de transformación.
Pero no sólo surgió una nueva conceptualización,
sino que esta se vió obligada a pensar una
nueva realidad que había hecho entrar en crisis
la perspectiva religiosa. En adelante daremos cuenta
de este proceso, de la transformación que se
estaba operando en la sociedad y por ende en la sexualidad.
Homosexualidad y capitalismo
En 1910, Foster, un conocido autor inglés,
publicó una novela que tuvo bastante éxito:
"Howards End". Luego de esta novela, el
autor no hallaba el modo de continuar escribiendo.
Hizo varios intentos, hasta que finalmente, George
Merrill, que vivía con Carpenter (un militante
gay socialista), fue su inspiración para una
nueva novela:
"trataría de la homosexualidad, habría
en ella tres personajes prinicipales y tendría
un final felíz."
Fue así que nació "Maurice".
Lo interesante de esta novela, que constituye una
verdadera fuente para analizar el surgimiento de la
homosexualidad, es precisamente la forma concreta
que adopta ese final felíz: Una pareja de hombres
que logra constituir un fuerte lazo sentimental y
sexual:
"la sociedad les impone es un exilio que alegremente
abrazan."4
4.- Barry Adam (1987)
cuenta que en Francia, a principios de siglo, no existía
un movimiento político gay como en Alemania,
pero que su correlato, era un ambiente cultural gay
considerablemente extendido. El autor afirma algo
para el caso de Francia a principios de siglo que
evidentemente coincide con lo que aquí expresa
Foster en sus notas finales:
"Popular novels of the day consigned homosexual
characters to the obligatory 'final solution' of suicide
or some other untimely death"(pag.29)
Luego de esta afirmación el autor cita dos
libros:
Barbedette, Gilles y Carassou Michel. 1981. Paris
Gay 1925. Paris. Presses de la Renaissance. Cfr, pag.
107.
Barry Adam. 1978. The Survival of Domination. New
York. Elsevier/Greenwood. Cfr, pag. 30-34.
Veamos como se desarrolla
este exilio. La novela relata la experiencia de dos
estudiantes universitarios ingleses que se enamoran,
uno de ellos se arrepiente de la relación frente
a la presión social y se casa. Invita al otro,
Maurice, a su casa. Con el tiempo Maurice se enamora
de Alec, un sirviente de la casa. Pero Alec esta a
punto de emigrar a la Argentina, y Maurice le propone
que se quede con él y vivir juntos:
"-Es una casualidad entre mil que nos hayamos
encontrado. Nunca volveremos a tener esa oportunidad,
tú lo sabes. Quédate conmigo. Nos amamos.
-Claro que me gustaría, pero eso no es ninguna
excusa para obrar como un imbécil. Quedarme
contigo...¿pero cómo y dónde?
¿Qué diría tu mamaíta
si me viese, zafio y grosero como soy?
-Ella nunca te vería. Yo no viviría
en casa.
-¿Dónde vivirías?
-Contigo.
-Ah, ¿querrías? No gracias, mi gente
te haría pedazos y yo no se lo reprocharía.
¿Y cómo seguirías con tu trabajo?
Me gustaría saberlo.
-Lo mandaré al cuerno.
-¿Tu trabajo, que te da tu dinero y tu posición?
No puedes mandarlo al infierno.
-Puedes cuando entiendes -dijo Maurice dulcemente-Puedes
hacer cualquier cosa cuando sabes lo que es. -Contemplaba
la luz gris que estaba convirtiéndose en amarilla.
Nada le sorprendía en aquella charla. Lo que
no podía predecir era su resultado-. Encontraré
trabajo contigo -continuó: había llegado
el momento de anunciarlo.
-¿Qué trabajo?
-Lo buscaremos.
-Lo buscaremos y moriremos de hambre.
-No. Habrá dinero suficiente para mantenernos
mientras buscamos. No soy tonto, ni tú tampoco.
No moriremos de hambre. He pensado mucho en ello,
mientras estaba despierto por la noche y tú
dormías."
Lo que Foster debiera haber escrito si hubiera estado
estudiando el surgimiento de la homosexualidad, y
no escribiendo una novela, es no "Puedes cuando
entiendes", sino, "Puedes cuando un sector
muy amplio de la población no tiene la propiedad
de los medios de producción y cuyo único
medio de vida es la venta de su fuerza de trabajo.
Puedes cuando la fuerza de trabajo se ha convertido
en mercancía. Puedes cuando lo que necesitas
para vivir puede ser adquirido con el pago que te
dan por la venta de tu fuerza de trabajo. Entonces
puedes." Debemos aclarar que con esta afirmación
no pretendemos realizar una crítica literaria,
la novela de Foster probablemente hubiera quedado
estéticamente destruida de haber escrito esto.
Lo que queremos es utilizar la novela como fuente
y marcar que lo que el autor pensó como la
única vía posible por la cual dos homosexuales
podían conformar una pareja, está íntimamente
relacionada con las posibilidades y los límites
de determinada situación histórica.
Los homosexuales no son un sujeto específico
que existió en cualquier época y lugar,
sino una forma de disfrutar de la sexualidad que comenzó
a ser posible con la extensión del capitalismo.
Las relaciones entre mujeres y entre hombres, extendidas
en muchas culturas y a lo largo de la historia raramente
fueron separadas dando a lugar personas conocidas
como "homosexuales", tal como ocurre en
la actualidad (Adam. 1987: 2-16). John D´Emilio,
realizó el siguiente razonamiento al respecto:
"¿Cuáles son, entonces, las relaciones
entre el sistema de trabajo libre del capitalismo
y la homosexualidad? [...] Bajo el capitalismo, los
trabajadores son 'libres' en dos sentidos. Tenemos
la libertad de buscar un trabajo. También estamos
liberados de la propiedad de cualquier cosa excepto
nuestra fuerza de trabajo.[...] Esta dialéctica
-la oscilación contrastante entre la explotación
y cierto grado de autonomía- recorre toda la
historia de aquellos que han vivido bajo el capitalismo".
"En tanto el capital -...- se expande, también
lo hace el sistema de trabajo libre"
"La expansión del capital y la extensión
del trabajo asalariado han afectado una profundad
transformación en la estructura y las funciones
de la familia nuclear, la ideología de la vida
familiar, y el significado de las relaciones heterosexuales.
Son estos cambios en la familia los que están
más directamente vinculados a la emergencia
de una vida gay colectiva."5
Desde el siglo XVI al XIX, Europa sufrió una
transformación, de ser una sociedad agraria
paso a un sistema urbano-industrial. Las personas
que en algún momento producían sus propios
alimentos y vestimenta, así como sus propios
hogares, gradualmente se convirtieron en trabajadores
asalariados que vendían su fuerza de trabajo
en el mercado. Aquellos que una vez habían
estado limitados a la aldea rural ahora eran habitantes
urbanos. Estos cambios tuvieron una fuerte influencia
sobre la familia.
En el período feudal, la importancia de la
familia en la vida de los individuos era fundamental.
Las familias eran la clave del bienestar futuro. La
felicidad personal y el éxito dependían
de la cooperación entre los miembros de la
familia, en tanto el trabajo familiar era el que proveía
lo necesario para la vida. Entre los campesinos la
familia existía como una necesidad, como una
unidad productiva con una división interna
-sexual- del trabajo (Adam. 1987: 2-3). En este contexto,
no podía existir un individuo independiente
de la familia como unidad de producción.
D´Emilio (1992) explica que los colonos blancos
de Nueva Inglaterra en el siglo XVII establecieron
villas estructuradas en torno a la economía
doméstica, compuesta de unidades familiares
básicamente autosuficientes, independientes
y patriarcales. Los hombres, las mujeres y los chicos
trabajaban la tierra poseida por la cabeza masculina
del hogar. Había una división de trabajo
entre hombres y mujeres, pero bajo una familia que
era una unidad independiente de producción.
Es decir, la supervivencia de cada miembro dependía
de la cooperación de todos. El hogar era el
ámbito de trabajo.
Hacia el siglo XIX este sistema de economía
doméstica estaba declinando, el trabajo asalariado
comenzó a generalizarse. Para las mujeres,
el trabajo asalariado raramente continuaba después
del matrimonio, pero para los hombres llegó
a ser una condición permanente (D'Emilio. 1992).
La familia no era más una unidad independiente
de producción. Aún cuando ya no era
más independiente, la familia era todavía
interdependiente. En el capitalismo, los bienes de
consumo, aún no se habían socializado,
no se habían convertido en mercancías,
de modo que las mujeres todavía realizaban
trabajos6 en sus hogares. Hacia mediados del siglo
XIX, el capitalismo había destruido la autosuficiencia
económica de la familia, pero no la dependencia
mutua de sus miembros (D'Emilio. 1992).
5.- "What, then,
are the relationships betwen the free-labor system
of capitalism and homosexuality? [...] Under capitalism
workers are 'free' laborers in two ways. We have the
freedom to look for a job.[...] We are also freed
from the ownership of anything except our labor power.[...]
This dialectic -the contrast interplay between exploitation
and some measure of autonomy -informs all of the history
of those who have lived under capitalism."
"As capital -...- expands so does this system
of free-labor."
"The expansion of capital and the spread of wage
labor have affected a profound transformation in the
structure and functions of the nuclear family, the
ideology of family life, and the meaning of heterosexual
relations. It is this changes in the family that are
most directly linked to the appeareance of a collective
gay life."(D´Emilio. 1992. pags 5 y 6)
6.- En esta parte del trabajo hemos tomado algunas
de las formulaciones más importantes del artículo
de D´Emilio, aún cuando tenemos ciertas
diferencias con el conjunto de lo escrito en él.
Entre otras cosas es necesario destacar que D´Emilio
habla de "trabajo productivo" para el caso
de las mujeres que realizaban tareas en su hogar.
Discrepamos con él en base a la noción
de Marx de trabajo productivo como trabajo subsumido
al capital, por eso, nosotros hablaremos de trabajo
en este caso.
Esta transición
de la economía doméstica basada en la
familia a una economía capitalista desarrollada
donde el trabajo libre juega un rol central, fue un
proceso que duró alrededor de dos siglos. Para
la gente que vivió este proceso, la familia
adquirió un nuevo significado como unidad afectiva,
como una institución que no proveía
bienes, sino que tenía importacia emocional.
La familia llegó a ser el lugar de la "vida
personal", agudamente diferente y desconectada
del mundo público del trabajo y la producción
(D'Emilio 1992).
En tanto el trabajo asalariado se extendió
y la producción se socializó, llegó
a ser posible separar a la sexualidad del imperativo
de procrear. Al eliminar la independencia económica
de las unidades familiares, el capitalismo creó
las condiciones que permitieron a algunos hombres
y mujeres organizar una vida personal en torno a su
atracción erótico/emocional hacia su
mismo sexo. De este modo surgieron comunidades urbanas
de gays y lesbianas, basadas en la identidad sexual
(D'Emilio 1992).
Según explica D´Emilio (1992), el comportamiento
homosexual existió en el siglo XVII, pero a
su criterio, comportamiento sexual no es equivalente
de identidad sexual. Lo que D´Emilio olvida
cuando realiza esta afirmación, es que "comportamiento
homosexual" es un concepto ahistórico
si se lo utiliza tanto para referirse al comportamiento
de quienes tienen relaciónes más o menos
regulares y exclusivas con personas de su mismo sexo,
como también para personas que mantenienen
simultaneamente relaciones con personas del mismo
sexo y del opuesto.
Antes del siglo XIX simplemente no había espacio
social en el sistema de producción que permitiera
a los hombres y mujeres ser gays. La supervivencia
se basaba en la participación en el núcleo
familiar. La sociedad colonial, ni siquiera disponía
de una categoría tal como homosexual o lesbiana
para describir a una persona.
Aquí, nos separamos un tanto de la interpretación
de D´Emilio. Esta nueva situación social
que el autor describe de una manera tan sencilla y
magistral, originó la posibilidad, de un comportamiento
sexual diferente sobre el cual se construyó
una nueva identidad, consideramos que es incorrecto
referirse sólo al surgimiento de una identidad,
sin ninguna base real. El cambio no es sólo
en las representaciones, sino también en el
nivel de las prácticas. Si bien había
relaciones sexuales entre personas del mismo sexo
en sociedades precapitalistas, el comportamiento sexual
era totalmente diferente, ya que no existía
la posibilidad para una persona de tener exclusivamente
relaciones con alguien de su mismo sexo. Este fue
el cambio central, que por cierto originó una
nueva identidad. Esto no quiere decir que lo central
es la identidad, sino los comportamientos.
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