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- Isquión
- Conducto deferente
- Cuerpos cavernoso
- Uretra
- Testículos
- Epidimio
- Próstata
- Glándula de Cowper
- Recto
- Vesícula seminal
- Vejiga
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Se
ha escrito mucho sobre las emociones y hábitos sexuales de
la mujer, pero muy poco, comparativamente, acerca del varón.
Esto no es sorprendente dado que, desde el punto de vista de la
psicología y la estructura física, la mujer es, por
mucho, el más interesante y complejo de los sexos. El hombre,
en cambio, es una máquina sexual relativamente simple, que
corre sobre un solo riel y hacia una sola dirección. En lo
que atañe a las emociones sexuales que los impulsan, sus
capacidades para satisfacerse y para dar satisfacción, todos
los hombres podrían haber sido confeccionados y despachados
por la misma línea de montaje.
Un
hombre ve a una mujer y en la mayoría de los casos, inmediatamente
puede desearla. En un minuto puede llegar a tener automáticamente
una erección, en dos minutos puede experimentar el orgasmo,
y en tres minutos puede estar profundamente dormido. Tal es el esqueleto
de su carácter sexual. Los hombres varían, por supuesto,
pero sus variaciones son leves, y sólo se producen las que
puede esperarse que se produzcan. Por consiguiente, hay poco que decir
sobre la conducta sexual del hombre normal.
Es
cierto, que como la mujer, casi toda zona del cuerpo masculino,
un contacto con el de su pareja, inducirá el deseo. Específicamente,
responden al contacto oral, el cuello, la boca, el pecho, la
cintura, las ingles, los genitales y la cara interior de ambos
muslos, aunque para todos los fines prácticos tiene solamente
dos, la boca y el pene.
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